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A toda máquina: un viaje de un cuarto de siglo
Publicado 05.11.2024

A toda máquina: un viaje de un cuarto de siglo

 

¡Que no le engañen! Aquí no hay locomotoras, palas ni carbón...

Aunque, viendo cómo el señor y la señora Macho no han parado de avanzar desde el 99, se puede decir que su tren está bien engrasado. Algunas de las mejores cajas de cambios de competición del mundo se fabrican en Moravia, concretamente en Chropyně, donde se levanta una empresa construida sobre una dedicación incansable y una visión clara. Una empresa con más de dos décadas de trabajo duro y sacrificio a sus espaldas. X Shift Gearboxes no es solo el resultado de todo ello, sino también un sinónimo de calidad y precisión reconocido en todo el mundo.

Su propietario y director general, František Macho, es un hombre lleno de energía y la encarnación de la palabra «drive». «Drive» es avanzar, sin duda. Y cuando se va en «drive», no hay sitio para la marcha atrás. La historia empresarial de František Macho es tan cautivadora e inspiradora que cualquier pregunta parece una distracción. Así que escuchemos a František Macho, propietario de X Shift Gearboxes.

«Con trece años ya montaba una moto. Desde entonces, el mundo de los motores ha sido la pasión de mi vida. Mis padres tenían sus trabajos y no sabían nada de este mundo, pero yo lo tenía claro. Desde el instituto me he dedicado a la ingeniería, la tecnología y la programación. Montaba motos y fabricaba piezas para bicicletas (ejes, pedalieres, engranajes o bielas) porque con el antiguo régimen no se podían comprar, y creo que aprendí mucho de ello. ¿Por qué cajas de cambios? En aquella época el mercado estaba vacío en este sentido. Hicimos la primera caja para Subaru, la vendimos con éxito y, con la satisfacción de nuestro primer cliente, empezó todo. Hoy vendemos en más de cien países de todo el mundo.

Fabricamos cajas de cambios desde 1999. Al principio la producción era sobre todo en colaboración, porque no teníamos ni una sola máquina. Fabricantes subcontratados nos suministraban los componentes y nosotros montábamos las cajas. Unos años después compramos nuestras primeras máquinas y empezamos con entusiasmo a fabricar algunas piezas nosotros mismos. Éramos plenamente conscientes de que, al aumentar la demanda, habría mucha más presión sobre la producción, así que nos centramos en la autosuficiencia y la flexibilidad. Desde entonces hemos ido incorporando nueva tecnología de producción con regularidad y hoy fabricamos el 70 % de nuestras piezas en casa. Estamos totalmente equipados, no solo con aparatos para medir y comprobar cada pieza de la caja, sino también con el increíble apoyo de nuestros experimentados desarrolladores, que siempre tienen un as en la manga incluso para los clientes de competición más exigentes.

Es una especialidad que entienden muy pocas personas. Intente encontrar un diseñador capaz de calcular los dientes de los piñones para que no hagan ruido, no fallen ni se rompan. Quizá solo haya unas pocas personas así en la República Checa. Para calcular los engranajes usamos el software de la mejor empresa del mundo, KiSSsoft, de Suiza, igual que los diseñadores de la F1. Hemos invertido varios millones en software y lo cierto es que hoy sin un buen software no se puede fabricar nada. No es de extrañar que nuestras cajas funcionen como un reloj suizo.

 

Y, como un reloj suizo, una caja de cambios no se hace chasqueando los dedos. El primer paso es un escaneado en 3D, que da la forma básica de la caja. El siguiente es poner a trabajar las neuronas de nuestros talentosos diseñadores, que desde que nacieron no tienen la palabra «imposible» en su vocabulario. Por ejemplo, diseñar una caja de competición para el Toyota GR Yaris nos llevó siete meses y la terminamos en año y medio. Incluso con una caja ya lista, las distancias entre ejes, el número de dientes y otros parámetros se optimizan según la disciplina, la potencia o la aceleración: hay que tener en cuenta muchas variables. Incluso coches del mismo tipo con el mismo motor pueden rendir de forma distinta. No es nada sencillo, pero está en manos de los mejores entre los mejores.

 

Fabricamos cajas para Subaru, Mitsubishi, Porsche y Toyota, y preparamos más para responder a una demanda mundial creciente. Seguimos el mercado y sabemos qué cajas se venden, cuáles podrían satisfacer las nuevas tendencias o cuáles tienen puntos débiles. Cuando hay puntos débiles, algo que puede pasarles incluso a los mejores fabricantes, sabemos diagnosticar por qué se rompen las cajas y podemos hacerlas mejores. Siempre he animado a los chicos a hacer una caja. «¿Alguien la comprará?», me preguntaban. «Si no la ven, seguro que no», les decía. La hicimos, la presentamos en una feria y luego la vendimos. ¡Un trabajo estupendo y limpio! Vamos a ferias con regularidad y, por ejemplo, en Colonia una revista local escribió que habíamos hecho la primera caja de competición del mundo para el Toyota GR Yaris. Eso me alegró mucho.

 

En 1999 empezamos con unas pocas cajas y desde entonces no hemos dejado de crecer. De un par de personas hemos pasado a un equipo de veintidós profesionales. El mayor salto, paradójicamente, llegó durante la COVID, cuando las ventas crecieron un 30 %. La inmensa mayoría de las cajas las exportamos y en la República Checa vendemos alrededor del 1 % de la producción total. Actualmente fabricamos grupos hipoides para Toyota, lo que nos da la exclusividad mundial. Ninguno de nuestros competidores puede ofrecer este producto. Dicho de forma sencilla: a todos los demás se les rompen. Nosotros, en cambio, sabemos cómo hacerlo gracias a un cuarto de siglo de experiencia. Tenemos un gran inventario, pero la expansión de la empresa es tan grande que necesitamos ampliar aún más el stock para atender a clientes de todo el mundo.

 

Nuestra red mundial de distribuidores está formada por más de cuarenta socios. Intentamos combinar la venta directa, que garantiza una mayor rentabilidad, con la venta a través de nuestros distribuidores, que contribuyen mucho a la publicidad y a la visibilidad de la marca.

 

Nunca me ha dado miedo invertir. Las inversiones son tan importantes que uno podría preguntarse por qué no invertir en uno mismo. Simplemente, no es mi forma de pensar. Personalmente, estoy satisfecho. Se podría decir que lo tengo todo. Mi mayor agradecimiento es para mi mujer, que me apoya totalmente y además lleva las finanzas de la empresa. No me atrevería a olvidar a nuestros hijos, que nos dan una alegría inmensa. Y, por último, nuestro equipo, cada vez más grande, que es uno de los sólidos pilares de toda la empresa. La guinda para mí es ver prosperar la empresa sabiendo que tenemos una posición mundial fuerte. Estamos creciendo, hemos terminado el centro de I+D y estamos pensando en construir una nueva nave. Tras el éxito de los vídeos de producto, nos lanzaremos a seguir promocionándonos, grabando nuevos vídeos de producto y vídeos de los talleres y de las oficinas, para que el mundo vea que no somos unos simples mecánicos de garaje. Creo firmemente que volveremos a avanzar. Hay que pensar en positivo. Me cuesta tolerar la palabra «quizá». «Quizá funcione»: ¿qué significa eso? O funciona o no funciona. Esa palabra no tiene cabida en los negocios. El desarrollo no se puede detener. ¿Por qué? Porque si te paras, los demás te adelantan.

 

¡Siempre hay que ir a toda máquina!»

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